Seis horas

Desapareciste. Llegaste en forma de píxeles en una noche de invierno. ¿Eras real? —te tuve miedo—.

El arte y las telas, las formas y los colores remolineaban en tu boca y, prendado de ti, me perdí al ritmo de un reloj de agua. Las palabras se empaparon de licor en la prematura oscuridad de una ciudad eterna, cuando, sin prepararlo, las palabras cómplices se fusionaron en una sola, carente de sílabas.

Un ínfimo resplandor emergía de tu mano y de tus labios junto a un milenario edificio que observaba. Buscamos el camino hacia el agua. Un cálido hasta pronto, en esa fría noche nos unió y dos rieles infinitos se llevaron tu aroma, tu sonrisa… tu todo.

Los píxeles regresaron. Hubo un par de promesas, siempre a seis horas, que con el tiempo se volvieron memoria.

Desapareciste y ya.
¿Eras real?

Y tú, ¿qué piensas?