Las hadas y otras cosas que no existen. No. 1

El mago  olvidó todos sus hechizos y nunca más encontró su libro de instrucciones. En lo alto de la torre, la princesa, que lo era por cuestiones del tiempo y no por gusto, ya no podía dormir, ni esperaba a nadie que viniera a rescatarla. Un viejo sapo la visitaba todas las noches, pero no se engañe querido lector, ella ya había probado con el beso: no era ningún príncipe. Era un desastre de cuento. No empezaba diciendo: Había una vez. Se leía: Nunca hubo una vez. De vez en cuando rondaba una bruja, pero hasta a ella le asustaba tan soso relato. La última hoja había desaparecido, así que el fueron felices para siempre era una posibilidad, pero remota. La princesa, cansada de esperar, bajó por los mil tres escalones que la separaban del suelo, no había cadenas que la ataran, ni dragones humeantes. Al salir por la puertica azul, lo primero que vio fue una manzana muy brillante y apetitosa al lado del tronco de un almendro, cosa extraña pero posible. La cogió en su mano, sabía que sería una decisión trascendental. Tantos años de soledad y  lectura le habían dado cierta experiencia, ¿acaso alguien no sabe lo que pasa después de morder una manzana? Lentamente la llevó a su boca y luego del primer delicioso bocado, murió.

3 Comentarios

  1. Eso!!! A más de uno le falta aterrizar, no es quitarle la fantasía, sino asumirla de otra manera, a fin de cuentas el encanto y la magia está en las decisiones, en el riesgo, en el desafío, en la resistencia a sentirse pre-determinado… La magia es la que hace caer en el sueño, no la que hace los sueños realidad, eso sí que nos toca a nosotros…

  2. A veces se nos va la vida esperando a que la vida venga a nosotros, siendo que la iniciativa siempre debe ser nuestra, la vida nos espera en cada paso que nos atrevamos a dar, para mostrarnos un mundo, cada vez, nuevo, con la posibilidad de asumir riesgos, y encontrar que la felicidad no es una meta sino un camino lleno de posibilidades y de dificultades, de aciertos y errores, un camino con el que debemos estar agradecidos porque nosotros mismos lo hemos construido, y porque cada paso nos permite ver que no estamos solos, y si lo estamos es porque queremos, o tal vez, porque no queremos vivir.
    Un buen cuento sin lugar a duda. Gracias por este espacio.

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